Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

Gerardo Lucio, con su hija Karen, dijo que la experiencia con el ataque cerebral le motivó a pasar más tiempo con sus dos hijos. (Foto por Raoul Torresi/American Heart Association News)

Gerardo Lucio, con su hija Karen, dijo que el ataque cerebral le motivó a pasar más tiempo con sus dos hijos. (Foto por Raoul Torresi/American Heart Association News)

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En noviembre del año pasado, dos días antes del día de acción de gracias, Gerardo Lucio se desplomó después de bajarse de un montacargas en su trabajo. Cuando despertó, dijo que sentía debilidad en su brazo derecho y su pierna derecha, y no que podía caminar bien. Un sobrino que trabajaba con él lo llevó al hospital.

“Yo me quedé sorprendido”, recordó Lucio. “No sabía que estaba pasando”.

El personal de la sala de emergencia reconoció rápidamente que estaba teniendo un ataque cerebral. Lo pudieron estabilizar, pero Lucio necesitaba cuidados que no podían proporcionarle. Lo trasladaron por ambulancia al Hospital Universitario Zale Lipshy, un centro especializado en el tratamiento de ataque cerebral que está afiliado con UT Southwestern Medical Center en Dallas. Allí, el equipo médico inmediatamente le hizo una trombectomía mecánica para removerle un coágulo de sangre que obstruía una arteria grande en su cerebro.

Dos horas más tarde, el hombre de 42 años de Dallas y el padre de dos hijos estaba con su familia en la sala de recuperación. Unos seis meses más tarde, había regresado a trabajar.

Lucio dijo que a sus médicos le sorprendió su rápida recuperación.

Pudo no haber sido así.

En el primer hospital donde le atendieron, Lucio dijo que el teleintérprete que le proporcionaron no pudo entenderlo porque arrastraba sus palabras, un síntoma común de ataque cerebral. El idioma natal de Lucio es español y él habla poco inglés.Hay hospitales que brindan servicios de interpretación por teléfono y por vídeo cuando no tienen disponible a un intérprete de planta.

Un ataque cerebral ocurre cuando se interrumpe el riego sanguíneo en el cerebro, causando así daños a las células cerebrales. Lucio tenía los síntomas comunes de un ataque cerebral, entre ellos debilidad repentina, entumecimiento en un lado de su cuerpo y dificultad con el habla.

Aproximadamente 800 000 estadounidenses tienen un ataque cerebral cada año. Es una causa principal de discapacidad, y la quinta causa de muerte en Estados Unidos.

Hay estudios que sugieren que los hispano-estadounidenses tienen una probabilidad más alta de tener un ataque cerebral, a comparación con personas de raza blanca. Según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, a pesar de que por varias décadas el índice de mortalidad por ataque cerebral ha disminuido, ha incrementado desde 2013 en los hispano-estadounidenses.

Es Estados Unidos, hay actualmente 166 centros de tratamiento avanzado certificados por la entidad llamada Joint Commission, una organización sin fines de lucro que ofrece acreditaciones  conforme a la calidad de servicios de salud. Estos centros de tratamiento especializados tienen neurólogos, enfermeras y otros profesionales de salud especializados en tratar casos complejos de ataque cerebral.

El doctor Mehari Gebreyohanns, un neurólogo especializado en ataque cerebral quien atendió a Lucio en el hospital Zale Lipshy, dijo que dada la gravedad del ataque cerebral que tuvo, su ex-paciente ha tenido suerte de no quedar con una discapacidad.

Cuando llegó al hospital, recordó Gebreyohanns, Lucio no podía hablar, no podía mover el lado derecho de su cuerpo, ni tampoco podía seguir instrucciones. Pero menos de un día después de la cirugía, hablaba y había recobrado casi completamente otras funciones corporales. Grebrehoyanns dijo que atribuye la recuperación “muy notable” de Lucio en gran parte a que recibió tratamiento pronto.

“Éste es el tipo de caso que nos mantiene motivados”, comentó.

Lucio dijo que el incidente lo dejó marcado, y que se le ha dificultado superar el miedo de tener otro ataque cerebral. “Ya ve que el estrés también [lo] debilita a uno”, dijo. Su experiencia también lo motivó a dedicarle más tiempo a sus hijos, Gerardo, quien tiene 18 años, y Karen, quien tiene 14.

La experiencia también perturbó a sus hijos. Los hermanos dijeron que les asustó ver en el hospital y sin poder hablar al papá que conocían como un hombre activo que iba al gimnasio y que disfrutaba arreglar carros.

Gerardo y Karen ayudaron a su papá a recuperarse. Karen ayudó a Lucio con los ejercicios de fisioterapia que tenía que hacer para fortalecer la mano derecha; Gerardo lo llevaba a sus citas de seguimiento con el médico y pasaba tiempo con él en el gimnasio.

“Estoy agradecido porque ha vuelto a recuperarse”, dijo Gerardo. “Estoy muy contento de que los médicos hayan hecho lo que debían de hacer y que ayudaron a mi papá. Esperamos que no vuelva a suceder”.

Grebreyohanns dijo que no quiere que Lucio de por un hecho que fue afortunado.

Los ataques cerebrales usualmente les ocurren a personas mayores, dijo Gebrehyohanns, y cuando una persona tiene un ataque cerebral en su cuarentena, como le pasó a Lucio, tiene un riesgo alto de tener otro, especialmente si tiene colesterol alto o si es obesa. Por esa razón, Gebreyohanns dijo que es importante que Lucio, a quien se le diagnosticó un soplo en el corazón cuando lo trataron por el ataque cerebral, “seguir un estilo de vida saludable”.

Lucio, quien dice que le ha gustado correr desde hace más de 20 años, dice que está haciendo lo posible en seguir esos consejos. Dijo que no solo se esfuerza en hacer  más ejercicio, sino que también en  comer alimentos saludables, como pollo horneado y vegetales al vapor.

“Es otra nueva oportunidad para mí, pa’ vivir la vida otra vez”, comentó Lucio, quien ahora trabaja en control de calidad en una empresa de distribución de comida. “Tengo que cambiar todo — y estar con las personas que quiero”.

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